Por: Armand Valerius
¿Quien conoce lo que es amar sin odiar lo antes amado?
Odiémonos pues, solo así somos sinceros y damos amor de verdad...
¡Destrocémonos por amor! Yo os digo; ¡Besémonos a mordiscos!
Que mi odio te gratifique, y sientas mi amor en pureza;
como el rocío por la mañana, como la claridad cristalina del agua del manantial oculto.
No recibas amor de nadie, porque eso es dañino para tu corazón amoroso.
No odies a quien te da amor, ¡ámalo!... ¡Ese será el mejor castigo!
Odia a quien te odia, porque amas con pureza...
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Colisión
domingo, 18 de marzo de 2012
/El peor de los poetas/
Hoy estoy sentado en este sillon, que no es mi sillon.
Poco importan los brumarios, coronas de espinas,
vasos de leche ennatados o dragones frios con cabeza y sin corazon.
Hoy estoy sentado en este sillon.
No tengo dinero, ni ilusiones, menos desiciones,
tengo solo un plato de verdades, y de las otras, que lo son pero no tanto.
Tengo ganas de imposibles, tengo sed de noches frías,
me recorren por el cuerpo y convergen en mi pecho.
Hoy estoy sentado en este sillón.
Vendrá corriendo alguna extraña ave que olvido como volar,
cubierta en pétalos rojos ¿Se ha olvidado de pensar?
¿Ha llegado la mañana o es que he olvidado que me he puesto a recordar?
El sol resplandece abrumador a través de la cortina, ya no tengo escape,
el tic tac de ese reloj obsceno ha dictado ya sentencia, es un nuevo día.
Miles de flores bailaran al compás de la sorda melodía de los segundos.
Yo deslizo mi mirada y espero, sentado en este sillón.
Se agotaron los segundos, he vuelto a divagar,
entre calles con historias que se escapan, aunque intente recordar.
Me ha atrapado el sin sentido, he vuelto al absurdo, que es mi hogar.
Ya no estoy en el sillón, hoy piso cada calle, se ha acabado el sueño, hoy he vuelto a despertar.
Hoy estoy sentado en este sillon, que no es mi sillon.
Poco importan los brumarios, coronas de espinas,
vasos de leche ennatados o dragones frios con cabeza y sin corazon.
Hoy estoy sentado en este sillon.
No tengo dinero, ni ilusiones, menos desiciones,
tengo solo un plato de verdades, y de las otras, que lo son pero no tanto.
Tengo ganas de imposibles, tengo sed de noches frías,
me recorren por el cuerpo y convergen en mi pecho.
Hoy estoy sentado en este sillón.
Vendrá corriendo alguna extraña ave que olvido como volar,
cubierta en pétalos rojos ¿Se ha olvidado de pensar?
¿Ha llegado la mañana o es que he olvidado que me he puesto a recordar?
El sol resplandece abrumador a través de la cortina, ya no tengo escape,
el tic tac de ese reloj obsceno ha dictado ya sentencia, es un nuevo día.
Miles de flores bailaran al compás de la sorda melodía de los segundos.
Yo deslizo mi mirada y espero, sentado en este sillón.
Se agotaron los segundos, he vuelto a divagar,
entre calles con historias que se escapan, aunque intente recordar.
Me ha atrapado el sin sentido, he vuelto al absurdo, que es mi hogar.
Ya no estoy en el sillón, hoy piso cada calle, se ha acabado el sueño, hoy he vuelto a despertar.
Noches de suspenso I: "La puerta"
sábado, 3 de marzo de 2012
Por: Armand Valerius
La puerta se
abrió con suma delicadeza. Miré. En primera instancia no vi nada, pero, me
esforcé para poder observar mejor. Solo se veía la oscuridad del largo pasillo,
las tinieblas nocturnas se hacían presentes en total plenitud, junto con un
silencio que acusaba la presencia de
algo más que solo la oscuridad en la nada.
No me moví de mi
cama. Mi mente comenzó a confundirse, algo extraño y poco común me estaba
ocurriendo, el sudor corría por mi frente y mi cuerpo estaba rígido, no era
normal. No, no lo era. Todo estaba distinto esta noche, el aire estaba más frio
que de costumbre y el ambiente era muy denso e incomodo.
Volví a mirar
hacia la oscuridad del pasillo. Sentí un peso en mi pecho y me aferré a las
sábanas. Comencé a descontrolarme. El sudor en mi frente era mayor, tenía la
sensación de que alguien más estaba ahí, conmigo, en mi habitación. ¿Qué estaba
ocurriendo? ¿Me estaba volviendo loco? No, no lo creo así. Nunca estuve loco,
ni ahora tampoco lo estoy, la presencia de alguien más se hizo sentir en aquel
momento. Intente pensar de forma racional, pero la razón no me daba las
respuestas a mis inquietudes, todo era ilógico e irracional, no podía ser
verdad.
Estaba al borde
del delirio, el corazón latía en mi pecho con ritmo acelerado, un sin fin de
ideas vinieron a mi mente e hicieron un caos total con mis pensamientos, sentí
que mi cabeza iba a estallar. Pensé en cerrar los ojos para olvidar todo, pero
esto no funcionó. Giré la cabeza en dirección a la puerta, un golpe sonó en
ella. Luego, la puerta se cerró lentamente, y un silencio sepulcral inundó la
habitación.
Sentí que alguien
respiraba en mi oído, pero no pude moverme ni un centímetro de mi cama. Estaba
desesperado, mi respiración era agitada, en mi cabeza comencé a escuchar voces
que no me dejaban en paz, me estaba volviendo loco. Me esforcé por lograr
relajarme. Al pasar los minutos por fin logre cierta tranquilidad. Pensé por un
instante profundamente.
Después de un
momento que se hizo eterno, sentí que por fin se había marchado aquella
presencia. Esto último me motivo a levantarme de mi cama y dirigirme hacia la
mesa del escritorio. Por un instante creí sentir el perfume que utilizaba
Gianella, ese aroma tan angelical que le era característico y que producía en
mi la sensación de estar en el paraíso. Si supieras cuanto te extraño amor mío,
la falta que me haces, cuanto te necesito a mi lado. Pero la muerte nos ha
separado, y mi alma vive en eterno tormento por tu pérdida.
Miré los papeles
que se encontraban sobre la mesa de mi escritorio. Estaban en blanco, ya que,
pensaba escribir mis memorias en ellos, comenzando esta misma noche. Me senté
en el escritorio y tomé los papeles para ordenarlos. Al realizar aquella
acción, me fijé que uno de ellos tenía escrito un mensaje, el cual había sido
hecho con sangre. Esto me horrorizo, pero fue aun peor cuando leí lo que decía:
“Volveré mañana para acompañarte.
Todas las noches hare lo mismo.
Te amo.”
Gianella
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